Las gatas siliconudas, reinas de la parada

¿Cómo se puede describir una gata, loba y otros cuantos nombres más de animales que de vez en cuando se convierten en adjetivos? Es muy difícil describirlas, lo que si está claro es que en cada ‘parche’, las mal llamadas tribus urbanas o grupito de amigos siempre hay una gata, o al menos la proyección de una futura pariente de la familia felina.

Está claro que cada persona tiene su propia estética y se encuentra en absoluta libertad de explorarse (¿o será mejor explotarse?), a sí misma, como crea o le parezca más apropiado en el momento; lo que no se comparte es que hasta en eso sea válido el refrán de abuelita que reza: “que el que no exhibe, no vende”. Gracias a esa concepción estamos repletos de viejas a las que ya no se les dice “qué cuerpo tan bonito que tienes”, sino que se les pregunta si fue al mismo cirujano que operó a la otra mujer que está al lado. Todas igualitas, todas divinas, todas ‘mostronas’, todas chorreando silicona por cada poro, todas rezando porque el botox funcione.

Vestirse es todo un ritual y se realiza bajo la concepción de ser la más atractiva, sobresalir entre tantas que están buscando exactamente lo mismo bajo las estrellas: un poco de amor. Las faldas parecen bufandas, las blusas podrían ser de sus hermanas menores y la tanga debe dejarse ver en algún lugar, eso seguro hará que su aroma se esparza más rápidamente entre la multitud.

Una tonelada de maquillaje después, ellas están listas para tomarse la noche y ser las protagonistas en cada uno de los establecimientos; no importa si están en un bar de punk, de vallenato, de metal o el más reggaetonero. Allí están buscando su presa, como el más sigiloso animal, rastreando el olor de aquel que esté vulnerable, de aquel que acaba de tener una riña con su pareja o simplemente analizando cuál será el personaje que más fácilmente dejará posar sus garras sobre ellos (o, bueno, ellas, también hay gatas buscando gatas).

En una noche de aquellas, terminé en un lugar donde esta especie abunda, analicé sus movimientos, sus gustos, la manera como corean a todo pulmón las canciones para llamar la atención y hasta sus movimientos sensuales esperando que todos los hombres presentes queden knockeados mirando la manera como menean sus exuberantes curvas.

Y allí fue cuando lo descubrí: las gatas siempre están acompañadas. Ya sea por él que se acabaron de levantar o por su presa ya cazada hace algún tiempo; el asunto me intrigó tanto que no soporté más y le pregunté a un amigo que ya tenía algunos tragos encima, “Oye, Manuel, por qué las gatas siempre están acompañadas?”. Manuel se queda pensativo, blanquea sus ojos y responde, “La pregunta es ¿por qué no soy yo el man que las acompaña?”. Caso cerrado. Así que un aplauso para todas las gatas a las que a partir de ese momento admiro profundamente, porque sus metas (al menos las nocturnas) las logran cumplir sin que esto les genere un gran esfuerzo y eso simplemente es síntoma de una gran inteligencia.

Septiembre 3, 2009. Uncategorized. 8 comentarios.

Nada terminado en Ista….

Ni feminista, ni machista, ni arribista, ni nada terminada en ista; pero sí mujer. Este es simplemente un espacio donde se exponen puntos de vista sobre las cosas que nos afectan a todos y todas 24/7 en Bogotá y en Colombia.

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